Por su interés y particular
belleza literaria, reproducimos a continuación una conferencia que pronunció hace ya casi
14 años, exactamente el 24 de marzo de 1998, el Profesor Gabriel Janer Manila
en el Ilustre Colegio Notarial de las Islas Baleares, bajo el título: LLORENÇ
VILLALONGA, LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO.
Los que estéis interesados
en la vida y obra de Villalonga disfrutareis leyéndola.
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LLORENÇ VILLALONGA I PONS
(1897-1980).
Como todo escritor, Llorenç
Villalonga fue un creador de ficciones. Realidades que nunca existieron a no
ser en su mente. Creador de mentiras que huelen a verdad. Pero un texto
literario debe medirse por aquello que desencadena en la imaginación del
lector. Como todo escritor, Villalonga proyectó su mirada sobre la realidad y
nos contó el resultado de su exploración sobre la “memoria moral” de su época.
Probablemente, partió de dos convicciones que consideró irrefutables: que la
estupidez humana es algo que resiste imperturbable el paso del tiempo y que el
futuro puede tener, a veces, el color de nuestra sonrisa.

En 1931 había publicado su
primera novela, MORT DE DAMA, que escandalizó a los lectores de su tiempo por su ironía
doliente, por la crítica mordaz que ejercía sobre la sociedad mallorquina de
los “felices años veinte”. En MORT DE DAMA, publicada por Villalonga con el
pseudónimo Dhey, se perfila la caricatura de la sociedad de aquellos años a
partir de los sectores sociales –la aristocracia y la intelectualidad- que el
costumbrismo del siglo XIX había dejado al margen. Es desde este punto de vista
que el novelista Dhey no significa la ruptura con los precedentes narrativos de Mallorca. MORT DE DAMA es, en
definitiva, una magnificación del cuadro tradicional de costumbres. Y así supo
verlo Josep M. Llompart en su obra LA LITERATURA MODERNA A LES BALEARS. La
novela de Villalonga recuerda los AIGOFORTS de Gabriel Maura que reflejan las
costumbres, las formas de vida, la mentalidad de las clases populares de la
Palma ochocentintas. Sin el grado de profunda ternura que Maura llega A SENTIR
POR SUS PERSONAJES, Villalonga es más refinadamente despiadado, mucho más
cruel.
Sus padres: Miquel
Villalonga y Joana Pons se casaron en 1890. Miguel Villalonga había cursado
estudios en la Academia de Artillería de Segovia y fue destinado a Maó con el
grado de teniente. Allí conoció a Joana
Pons i Marquès, mujer joven, culta y bella, aunque de módica fortuna.
Los primeros recuerdos de Villalonga
van unidos a los cambios de residencia por causa de los traslados propios de la
profesión del padre: traslado a Canarias en 1891, allí nace su primera hija;
Conxa, que muere poco después. Destinado a Menorca: 1892, donde nacen Guillem,
en 1892 y María, en 1894. Y Trasladado de nuevo a Palma, nacen Llorenç 1897 y
Miquel, 1899. “Llamados a protagonizar –escribe Jaume Pomar, su reciente
biógrafo- glorias y polémicas en el mundo de las letras”. De nuevo es destinado
a Maó, en 1901. Y a la Coruña, en 1903.
El padre es visto por los
hijos –por LLorenç y Miquel- como un ser distante, poco afectuoso y poco
sociable. Miquel le considera tímido, inseguro. Una personalidad reprimida por
el autoritarismo de la madre. Ambos hermanos –Llorenç y Miquel- coinciden en la
formulación de algunas transgresiones de la fidelidad conyugal. Un hecho que la
madre acusaba con tristes languideces.
Contrariamente, la imagen de
la madre es adornada con cualidades de refinamiento y una exquisita
sensibilidad. Puede observarse en Llorenç, durante sus primeros años, una
fijación de la figura materna, más grave con los celos que siente frente al
padre.
No quiere agradar al padre.
Le molesta su severidad, su estilo autoritario. Esta tensión provoca
diferencias que se resolverán en actitudes de clara rebeldía por parte de
Llorenç. Sus hermanos: Guillem y Miquel seguirán la carrera militar.
Villalonga en su obra
“Falses Memóries de Salvador Orlan”, cuenta: “Nací en 1897. No es sencillo concretar los primeros sentimientos de una
existencia humana. Supongo que en mi, fueron, como todo el mundo, la libido y
la angustia. El odio y la náusea debieron llegar un poco más tarde.
La
libido se polarizaba en la admiración hacia la madre. Era bella, o por lo menos
todo el mundo la encontraba bella, pero supongo que a mí me lo habría parecido
aunque no lo fuese. Mi padre, lejano e impenetrable, me daba miedo. Tengo una
foto d cuando era alumno de Artillería. Podría pasar por el retrato del Infante
don Fernando de Austria, por Velázquez, que se conserva en el Prado…”
La admiración sin reservas
por la madre va a durar toda la vida. Ella está en la base, como modelo, de la
baronesa de Bearn y, por extensión, de doña Maria Antonia. El estilo contenido,
refinado, aquella “douceur de vivre”, engendrarán un personaje que se vuelve de
piedra anta la más pequeña muestra de vulgaridad.
Merece la pena recuperar
ahora una carta de LL.Villalonga a la Sra. Núria Folch, esposa del novelista y
escritor Joan Sales, con quien mantuvo una larga correspondencia. En esta
carta, del 145 de octubre de 1964, refiere sus primeros recuerdos de infancia:
“Mi primer recuerdo es metafísico. Tenía cinco años, en La Coruña. Una
criada mallorquina me enseñaba que si
uno se mira durante la noche en un espejo, le aparece el diablo. Además, era
pecado comer chocolate y echar el pan por debajo los muebles. Y no comer sopa. Y casi todo. Sentado en la
habitación de mi madre, donde había dos espejos, pensé: “Tal vez, un sabio
descubrirá que no existe el infierno”. Poco tiempo después: la dignidad. Desde
el mirador se podía ver el mar. Unos hombres nadaban a lo lejos y habían dejado
sus vestidos a la orilla. ¿Qué sucedería si alguien les quitara la ropa?. ¿Cómo
regresarían a casa?. La respuesta fue: Tendrían que suicidarse. De la misma
época: el embuste. La Pardo Bazán pregunta al asistente de mi padre yo de quien
era hijo legítimo. Responde el gallego: “Hijo legítimo del Comandante
Villalonga”. Gran enfado de mi madre al saberlo. ¿Por qué?. ¿Es algo feo ser
hijo legítimo?. Todo lo contrario. “Entonces, ¿por qué has reñido a Antonio?
“Porque estas cosas nos e dicen”. “Y, ¿por qué no se dicen?”. “Porque no”. Días
después saliendo de misa, dice doña Emilia a mi madre: “Queridita, en esta país
es tan natural tener hijos naturales…”. ¿En qué quedamos?. ¿Por qué mi madre
esta vez se ha reído en lugar de enfadarse?. Seis años: el amor. Robo una
sombrilla a mi madre para regalarla a una señora. Huída de casa siguiendo la
esquiva belleza, que n el portal de su casa se da cuenta y me obliga a volver a
casa acompañado por una criada robusta…”
Jaume Vidal Alcover que el
trató durante muchos años y vio como nacían algunas de sus obras nos ofrece un
retrato del escritor que merece la pena rescatar:

La obra narrativa de Llorenç
Villalonga está formada por: 15 novelas, además de algunos cuentos y
narraciones breves, varias piezas teatrales (DESBARATS (Despropósitos), que le
acercan al teatro del absurdo.

Voy a centrarme en sus dos
novelas más conocidas: MORT DE DAMA Y BEARN, en ellas se concentra su mundo
narrativo, su gran representación de la realidad.
MORT DE DAMA.
Cuentan que André Gide, un
día que dedicaba un cálido elogio a la extraordinaria Colette, le decía que
ella había conseguido aquello por lo que un narrador daría la mitad de su vida
por conseguir, y es crear un personaje. Se refería a Claudine , de la gran novelista. Eso pensé hace unas semanas
mientras veía a doña Obdúlia de Montcada, viuda de Bearn, en el escenario del
teatro Principal de Palma ante un teatro lleno hasta las últimas filas de
gentes que la contemplaban extasiados y le reían las gracias y le toleraban las
impertinencias, y descubrían que doña Obdúlia no era ni inteligente, ni buena,
ni fina, ni amorosa, ni tierna, ni… pero era. Doña Obdúlia venía de las páginas
de la novela y se instalaba en el escenario moribunda y viviente al mismo
tiempo. Aquella señora de inteligencia “clara y escasísima”, que comprendía que
“el mundo se divide en dos grupos muy grandes: el de las personas sensatas que
piensas como ella, y el de los perturbados, que opinan de otra manera”, esta
dama, nacida de la capacidad creativa de un joven escritor con el propósito de
fustigar una sociedad sólidamente estratificada, es algo tan imposible d
definir: un personaje, una criatura que adquiere vida propia.

Publicada en 1931 con un
prólogo de Gabriel Alomar es una gran novela, más que por su sátira mordaz, por
la capacidad de penetración sutil y profunda en la realidad social de su
tiempo, y por la creación de unos tipos humanos llenos de matices psicológicos.
En el barrio antiguo y noble de la catedral, Villalonga sitúa el escenario
sobre el cual van a moverse sus personajes. Se trata de un espacio que el
novelista describe con ironía y, seguramente, con cierta ternura:
“El
barrio es venerable. Noble y silencioso, con calles estrechas y casas anchas,
que parecen deshabitadas. Entre los voladizos de las casas, el cielo hace
vibrar su azul luminoso como una lanzada. La hierba crece entre las juntas de
las piedras, anchas como losas. Rompen el silencio, de tarde en tarde,
murmullos de campanas.
Por
el barrio, no pasa nadie. “los verdaderos habitantes de estas calles son los
gastos”, ha dicho Santiago Rusiñol. Mallorca es un país privilegiado para los
seres gatunos. El gato exige silencio, orden, limpieza, como un filósofo
escolástico: los ruidos del mundo no le dejarían meditar. Los gatos y los
canónicos guardan analogías. Por eso escogieron el mismo barrio. La
aristocracia, la burguesía, también anhelan descansar…
Al
otro extremo de la ciudad, en las afueras, por el Terreno, por Génova, se remueve
el mundo colonial, formado por pintores, turistas y señoras que fuman. Son
gentes extrañas, que se bañan en invierno y viven de espaldas a la religión.
Fabrican cócteles endiablados. Dan bailes y tes. El barrio antiguo finge
ignorarlo. Sin valor ni deseos por declararles la batalla, opta por declararles
inexistentes… Alguna señorita indígena, en los tes casi litúrgicos del casino,
pide ya cócteles de ginebra y vermut. Dos de ellas, por carnaval, se atrevieron
a encender un cigarrillo. El aire está cargado de presagios… Pero el barrio
antiguo no se da cuenta. En las playas estaba prohibido que los hombres pasaran
a la zona reservada para las señoras. Las americanas escamotean esta Ley
pasando ellas a la zona de los hombres. Tal vez alguna mallorquina exaltada las
imita. El barrio antiguo no se da cuenta.
Lo
señores, los canónigos y los gatos viven en perpetua siesta. Las campanas de la
catedral, lentas, clamorosas, regulan sus existencias.
En este barrio, en fin, y
entre esta aristocrática burguesía del siglo XIX, es donde el novelista Dhey
sitúa su narración. De una parte, Doña Obdúlia y el viejo mundo mallorquín,
hecho de prejuicios y principios que parecen inconmovibles. En este mundo se
incluye el de las fuerzas oficiales y prestigios que vienen de Madrid,
simbolizado por el marqués de Collera. Por otra parte, está el mundo
intelectual de aquel tiempo simbolizado por Aina Cohen. Los nombres por si
mismos –Obdúlia, Collera, Aina Cohen- nos dan la mesura –la desmesura- de la
burla.
La novela cuenta la muerte
de doña Obdúlia Montcada, una señora vital, autoritaria, de ideas heredadas y
fijas sobre la sociedad y su clase. La casa donde muere sobre una montaña de
colchones y entre cortinajes de damasco la dama altiva, es el barrio antiguo de
la catedral, un barrio venerable, noble y silencioso, habitado por señoras que
acuden a la novena y rezan por sus antepasados, por canónigos y gatos perezosos
y rutinarios.
EL MITO DE BEARN.

BEARN fue escrita, según su
autor, durante el verano de 1945 y guardada en el cajón de una mesa.

En el señor de BEARN,
Llorenç Villalonga resume las más destacadas virtudes y los más elegantes
defectos del hombre mediterráneo. Don Tonet de Bearn es el espectador
impotente, refugiado en la ironía y el escepticismo, de la destrucción de su
pequeño mundo. Un mundo hecho de fórmulas amables y ambiguas, de sonrisas
sutiles, de buenas formas y de conveniencias sociales.

BEARN es la novela de un
mundo que desaparece. De un tiempo que se diluye en la niebla. Antes que todo
acabe, Villalonga quiere dar testimonio –como cuando escribía MORT DE DAMA
quería dejar constancia de algunas escenas que habían transcurrido durante su
infancia-, de aquel mundo feliz. Tonet –don Toni de Bearn- es un señor rural de
Mallorca, prestigioso y pobre, inquieto
e ilustrado, que defiende la mesura y la contención contra el instinto y contra
el desorden.
BEARN es el mito de la
aristocracia rural que vive en una “possessió” de montaña. Don Toni de Bearn
vive como un señor feudal en su castillo,
pero es un hombre que tiene todas las virtudes del burgués ilustrado: interés
por la cultura, curiosidad por el progreso científico, amor a la inteligencia y
al refinamiento. Pero la obra de Villalonga es, en última instancia, una larga
explicación de sí mismo.
La novela contiene algunas
referencias breves al pasado, a la historia de la familia de Bearn. La noticia
histórica más antigua referida a un miembro de la familia es la participación
de un Bearn en la expedición de Carlos I contra Argel (1541). En la primera
mitad del siglo XVIII, don Toni de Bearn i Torre Roja encarna el prototipo de
señor de l’“Ancien Régime” que abusa del
poder y arranca “la honra y la paz a las familias humildes y decentísimas”
(cap.6 de la 2ª PARTE). Se le compara al peligro que suponen los asaltos de
corsarios norteafricanos sobre las costas mallorquinas, y esto confiere al
señor de Bearn la condición de peligro próspero y amenazante. También es
comparado a una tromba de agua que destruye y arrasa los campos. En la estructura
del relato, este don Toni del setecientos funciona como una figura paralela de
su descendiente ochocentista. Tonet de Bearn, como su antepasado homónimo,
tiene fama de seductor de payesas, valiéndose de su poder señorial y del
prestigio familiar. También, como su antepasado, Tonet es temido por los
payeses, pero ahora en este temor, interviene algún motivo diferente. El
interés del señor de Bearn por el progreso técnico, que le empuja a introducir
en su propia casa algunos inventos novedosos, o a fabricarlos él mismo, y la
costumbre de dejar encendida durante toda la noche la luz de su habitación,
provocan la incomprensión y el distanciamiento de quienes trabajan por su
cuenta, que llegan a creer que tiene pactos secretos con el diablo. (Como el
“Fausto” de Goethe, uno de los modelos literarios de la novela).

Entre la galería de
personajes familiares ya fallecidos cuando transcurre la acción de la novela,
el que adquiere más peso es don Felip, nacido en Palma en 1780 y descubierto en
Bearn muerto al pie de la cama, no sabemos si fallecido por muerte violenta o
natural, en una fecha no precisada. Don Felip, capitán de caballería, destacado
en Aranjuez, fue al mismo tiempo amante de la reina Maria Luisa y muy amigo de
su favorito Godoy. Le dio por vestir muñecas e hizo con ellas una exposición de
unas veinte en la sala de banderas de su cuartel. Expulsado del ejército, se
recluye en Bearn. Francmasón e lustrado, mantuvo una abundosa correspondencia
con personajes de la corte española y de la corte prusiana. Los comentarios y
las insinuaciones que sobre él se hacen en la novela nos lo presentan como un
hombre interesado eróticamente tanto por el otro sexo como por el suyo propio.
Sus colecciones de muñecas y su correspondencia se conservan ocultas en la Sala
de las Muñecas, donde don Toni no ha permitido jamás que nadie entre. La sombra
inquietante de don Felip se materializa en la novela a través de esta sala
secreta donde se conservan documentos y objetos que le pertenecieron. Se trata
de un motivo temático que procede de la novela gótica –pensemos en “Cumbres
Borrascosas”, por ejemplo, o en “Rebeca”- con sus antiguas y enormes casas que
guardan secretos horribles. (El tema de la habitación prohibida nos remite al
cuenta barbazul de Ch. Perrault).
La trama argumental de la
novela se desarrolla entre dos límites cronológicos: el año 1859 –fecha de la
huída de don Toni con doña Xima a París, y del significativo estreno de
“Fausto” de Gounod- y 1º890, fecha de la muerte e los señores de Bearn y el
relato de la historia por el capellán de la familia: don Joan Maiol.
Entre estas dos fechas, los
años que más destacan son: 1868 y 1883. En la primera de estas fechas, después
de la Revolución de Setiembre, a finales de año, se narra (entre los capítulos
13 y 21 de la primera parte de la obra) el primer retorno de doña Xima a Bearn
y la segunda tentación fáustica de ella a don Toni. Éste, no obstante, ha
entendido que sólo puede revivir la primera experiencia a través de la
escritura y rechaza la propuesta de su hermosa sobrina. Los esposos –don Toni y
doña Maria Antonia- se reconcilian y vuelven a vivir juntos.
En 1883 tiene lugar el viaje
del matrimonio, acompañados de don Joan Maiol, a París y a Roma, narrado entre los capítulos 4 y 14 de
la segunda parte: concretamente, parten de Mallorca el 2 de noviembre de 1883 y
regresan el 12 de enero de 1884. Para Villalonga, París y Roma representan las
dos grandes capitales históricas de Europa. París es la capital moderna
–artística e intelectual-. Roma es la antigua capital del mundo pagano y la
capital religiosa moderna.

Don Toni de Bearn es un
hombre racionalista e ilustrado que se defiende contra las amenazas de una
nueva época histórica con un suave escepticismo, y destila sutiles ironías
contra los nuevos tiempos, destructores de una realidad vieja, mesurada y
armónica.
Villalonga extrajo la figura
de don Toni de un discreto e
insignificante personaje de su entorno familiar: Josep Palou de Comasema, tío
político de la que, a partir de 1936, sería su esposa: Teresa Gelabert.
Josep Palou de Comasema y
Truyols, Palma de Mallorca, 1853-1944, pertenecía a una vieja y aristocrática
familia mallorquina, pero ya en plena decadencia. Su padre Joan-Antoni,
administrador descuidado y abúlico, había iniciado la pérdida ruinosa del
patrimonio familiar. El desastre se consumó en manos de su heredero: Manuel
Palou de Comasema. I Josep se vio obligado debido a la quiebra a una existencia
de estrecheces, que una pequeña y providencial pensión de la que le proveía la
aristocrática familia de los Armengol de Inca evitó que llegara a extremos dramáticos.

El trato entre Llorenç
Villalonga y “l`oncle” fue cotidiano hasta la muerte de éste, cuando tenía 94
años en la casa donde residía el escritor, en la calle del Estudi General. Las
observaciones que hizo, anotación de anécdotas, etc. Le propiciaron el material
que sirvió de base para la creación del personaje de su novela.
Una pieza clase en la
gestación de BEARN fue la novela del escritor alsaciano Jean Schlumberger: “Le
lion deveneu vieux”, que había descubierto en una librería durante su estancia
en París, el mes de marzo de 1929. Vilallonga se hospedaba en el Hotel de la
Bourse, estudiaba psiquiatría en la Salpetrière y le quedaba tiempo para
asistir al teatro de l’Atelier y visitar la pitonisa Mme. Dormand.
LLorenç Villalonga,
siguiendo las tesis de Paul Valéry, considera las formas culturales de
Occidente sólo una serie de convenciones que nos permiten un refugio
provisional y frágil contra el caos. La civilización es una convención, jamás
una realidad estable y sólida. En las páginas de “La decadencia de Occidente”
de O. Spengler, Villalonga aprendió que las culturas, como la vida, son
procesos cíclicos, y no el progreso ascendente y lineal que imaginaron los
positivistas del siglo XIX. En la lucha de la Razón contra la Locura ésta gana
siempre. BEARN acaba con la absoluta victoria del desorden y de la muerte.
Don Toni de Bearn se
sumerge, al llegarle la hora de la muerte, en la niebla de la ambigüedad, él
que representaba la claridad racional, como su esposa Maria Antonia. Todo está
drogado en Bearn en los últimos momentos. El carnaval invade la casa con gritos
enloquecidos. El pueblo, disfrazado, irreconocible, rastrea las habitaciones y
cocina. Se comen cuanto encuentran y roban los objetos de plata. Nadie hace
nada para conjurar la catástrofe. Los bombones envenenados de Xima ruedan sobre
la chimenea. Los señores, medio dormidos de muerte, dicen frase incongruentes y
se convierten en puro recuerdo, sombras. Don Joan, el sacerdote, el único que
podía tener la cabeza en su sitio, corre por la casa y presiente el final,
ofuscado por la desgracia de la doble, de la triple, muerte. Y quema el archivo
secreto de la habitación prohibida, frívola y despiadada posteridad de conocer
las posibles miserias de sus señores.
En BEARN O LA SALA DE LAS
MUÑECAS es donde las ideas estéticas y literarias del autor encuentran su punto
más eficaz. La edición catalana salió en 1961, mutilada de su epílogo –restituido
en la edición de las Obras Completas de 1966-, pero se trata de un epílogo que
intensifica la ambigüedad de la obra, la idea de la imposibilidad del hombre
para conocer la verdad. Una ambigüedad que expone con claridad la imagen que
Villalonga había escogido para presentar el personaje central de la novela: Don
Toni vestido de fraile, con una peluca al estilo de Luis XV, mientras que a su
espalda las llamas de la chimenea desdibujan y hacen todavía más inquietante
esta figura que parece demoníaca. Y la imagen parece la respuesta imposible a
la pregunta que obsesiona, a lo largo de la novela, a don Joan Maiol, que es el
narrador, el capellán de la casa y probable hijo del último señor de Bearn, que
acaba de morir: ¿Quién era en realidad este hombre? y, sobre todo, ¿conseguirá
salvar su alma?. Se trata de una pregunta particularmente difícil para el
sacerdote.
Y a partir de aquí surge
otra pregunta de alcance universal: ¿Puede ser conocida la verdad?. La
interrogación suele ocupar un lugar destacado en las novelas modernas, con unos
personajes sin certezas, inseguros. En estos personaje se encarnan, de hecho,
dos conceptos totalmente antagónicos de la existencia humana: el que apuesta
por el bien, que quiere decir rechazo del riesgo y todo cuanto conlleva de
posible placer, y el que defiende el mal con todas sus consecuencias, el hombre
fáustico, de hecho, el prototipo de la civilización occidental, según la obra
de Spengler. El lector sólo va a conocer fragmentos de la historia del señor de
Bearn, una historia llena de interrogantes.
Otro acierto de Villalonga
es el recurrir a un mito universal para vertebrar la historia de su
protagonista: Fausto, un mito tratado a lo largo del siglo XIX y que, en torno
a la Primera Guerra Mundial se intensifica notablemente. Así, la primera parte
de BEARN se titula “Bajo la influencia de Fausto”, y en ella se explica la
huída de don Toni, a los cuarenta y ocho años, con su sobrina Xima, de dieciocho,
a Paris; con la excusa de asistir al estreno de la ópera de Gounod, “Fausto”,
pero en realidad lo que pretende don Toni, que se encuentra en una edad
crítica, es recuperar la juventud perdida, la posibilidad de volver a vivir con
plenitud. “todos –me decía- nos sentíamos tentados de vender el alma al diablo,
especialmente quienes habíamos dejado de ser jóvenes”. No obstante, una vez
fracasa esta tentativa de París, y ya de retorno a Bearn, aparece en él otra faceta: la del
hombre fáustico, una especie de superhombre de Nietszche, el hombre que quiere
sumarse al progreso.

BEARN es también una
reflexión sobre el mal. El mal en el mundo y el mal en el hombre. Ya no es
necesario el diablo, más bien es una figura ridícula. El hombre lleva el diablo
en su interior, un diablo que, le atrae porque es hermoso. Como doña Xima,
ángel y demonio a la vez, siguiendo la ambigüedad que caracteriza al escritor.
De otra parte, el mal puede
surgir de forma inesperada, con toda su crudeza y crueldad, y muy poco va a
poder hacer el hombre para rehuirlo. A pesar de la ironía y del tratamiento que
hace de la materia narrativa, en BEARN hay esta profunda reflexión sobre el
mal, una reflexión que resulta particularmente actual. Una reflexión que no
parece terne una respuesta posible. Y por el hecho de reflexionar sobre un tema
universal y sobre otros igualmente eternos –el amor, al escritura, los anhelos
profundos del hombre…-, y de hacerlo con sutileza sabia a través de un mito
universal, Villalonga es un autor que hay que leer. Un clásico moderno, como es
moderna también su visión de Fausto: Fausto tiene aquí los pies de barro.

Villalonga sabe que las Arcadias
no existen, que el paraíso es siempre un paraíso perdido. Y, no obstante, como
Fausto, perdido en la búsqueda del tiempo, se deja seducir por la memoria.
Molt interessant tot l'estudi que feu de Bearn. El recomanaré als meus alumnes.
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